Entre los belenes populares estudiados en la investigación que está llevando a cabo la Asociación de Belenistas de Pamplona sobre el belenismo como manifestación cultural inmaterial en Navarra, se encuentra el de la Iglesia de Santa María de la Asunción, en el corazón de Torralba del Río.
Allí, un grupo de personas, herederos de una costumbre transmitida de generación en generación, se reúne cada año con entusiasmo para montar y desmontar este pequeño universo de corcho, musgo y figuras que encierran toda una memoria colectiva. No solo cuidan con mimo cada detalle del montaje, sino que también custodian las figuras antiguas, muchas de las cuales datan de las décadas de 1950 y 1960, y que por ello poseen un valor especial, tanto artístico como sentimental.
Mientras catalogamos aquellas piezas cargadas de historia, se nos acercó Ángeles Sáenz de Pipaón. A sus 85 años, su mirada conserva la frescura de los recuerdos y la ternura de quien ha vivido intensamente la tradición. Nos relató cómo, en su juventud, las muchachas del pueblo, unas cuarenta chicas agrupadas en el grupo de las Hijas de María, eran las encargadas de montar el belén en la iglesia.
Ángeles nos cuenta que en 1955, cuando, con apenas quince años, junto a sus compañeras organizaba rifas, funciones teatrales y sesiones de cine en los porches cerrados de la iglesia. Con el dinero recaudado iban adquiriendo nuevas figuras, ampliando año tras año el belén, que crecía al mismo ritmo que su ilusión.
Historias como estas nos recuerdan que cada belén guarda mucho más que corcho y figuras: atesora la memoria viva de un pueblo. Por eso, os invitamos a que, en vuestra ruta de belenes estas Navidades, incluyáis una parada en Torralba del Río, donde tradición, emoción y recuerdo se entrelazan.